viernes, noviembre 17, 2006

126 - CREPÚSCULO

El crepúsculo me invade con sus flores
de oro mientras largo y lento canta
el ruiseñor de todos mis amores
ahogándose casi en mi garganta.

Al ver este oro puro entre el pinar sombrío
me he acordado de mi tan dulcemente
que era mas dulce el pensamiento mío
que toda la dulzura del poniente.

¡Ay, dulzura de oro! Campos verdes
corazón con esquilas, humo con calma.
No hay nada en la vida que recuerde
estos dulces ocasos de mi alma.

El valle está inundado con aire de amapolas ...
Yo lo miro de lejos. En la cima de mi alma
hay silencios de monte. Un mar verde sin olas,
filtra la luz que muere, allá lejos en calma.

Y yo no pienso nada. Solo el mirar me llena
de la paz de esta tarde, medida en el poniente.
Bajo el valle de mi alma, su tarde está serena
y el corazón, delante, camina lentamente.